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HISTORIA - Capablanca vs Alekhine Campeonato del Mundo Buenos Aires, 1927.


Capablanca vs Alekhine, primera partida del match
Buenos Aires, 1927.


Está convenido que el que gane seis partidas gana el match; no cuentan las tablas. En caso de llegar a 5:5, el campeón conserva el título. El gran maestro Spielmann ha dicho que Alekhine no ganará una sola partida. Más optimista, Bogoljubow dice que puede ganar dos. Al partir para la Argentina, Alekhine le ha dicho a un amigo que no sabe cómo podrá ganarle 6 partidas a Capablanca, pero que tampoco sabe cómo éste podrá ganarle 6 a él. En ése momento ambos jugadores están en las mejores condiciones físicas. Capablanca tiene 39 años y Alekhine 35.


Para la ceremonia inaugural, el día 16 de septiembre, se presentan el presidente de la República, doctor Marcelo Torcuato de Alvear, y su consejo de ministros. Tras unas breves palabras del doctor Alvear, se hace el sorteo de las piezas; al campeón le corresponden las blancas. Después de salir con peón de rey, juega con cierto descuido, sin advertir la debilidad de su primera fila. A la altura de la jugada 16 cae en una combinación sencilla y pierde un peón. En desventaja de material y en posición inferior, trata de complicar las cosas y sacrifica otro peón. Pero Alekhine no se deja enredar. Y en la jugada 43 se impone por primera vez en su vida sobre su rival.


Después de la partida se riega el rumor de que Capablanca ha pasado la víspera enrumbado con Gloria Guzmán, una estrella del cine argentino, cuyos encantos lo tienen algo disipado. Para la segunda partida, la estrella está sentada en primera fila, acosándolo con sus miradas. Alekhine ha salido mal de la apertura. Y con un poco de presión Capablanca hubiera podido emparejar el score. Pero pueden más las miradas de la muchacha. Y propone tablas en la jugada 19.


Gana la tercera brillantemente. Sus fanáticos, que son muchos, respiran tranquilos. Las partidas 4, 5 y 6 terminan en tablas. En todas se juega el gámbito de dama. En la 7ª, nuevamente con blancas y jugando con gran energía, sin enrocarse, gana Capablanca. Aventaja a Alekhine en un punto. Las partidas 8, 9 y 10, también son tablas. Capablanca se pone muy nervioso y hace que retiren el público de la sala, alegando que hacen mucho ruido. En la 11 se impone con gran fuerza Alekhine, en un nuevo gámbito de dama, y empareja las acciones. Alekhine gana también la 12 y se pone por encima del marcador. De la 13 a la 20, nuevas tablas.


Capablanca todas las noches juega cartas, dominó y billar. Y hasta en el hipódromo es visto apostando. Y como si fuera poco, por ahí ha resultado otra estrella con la que se pasea del brazo por la Avenida Corrientes.


Pierde la partida 21. Tablas de la 22 a la 28. En la 27, en una posición ganadora, después de un jaque desesperado de Alekhine, Capablanca mueve el rey a una casilla equivocada y debe contentarse con las tablas. Gana la 29, no sin cierta ayuda de su adversario que deja perder dos ocasiones de tablas. Con el marcador va 4-3, en contra de Capablanca, éste se veía derrumbado, según dijo después Alekhine.


De la 30 a la 34 Alekhine gana otras dos y entablan tres. La partida 34 está aplazada en posición inferior para Capablanca. Al otro día no se presenta a jugar y manda una nota dándole por ganada la partida a su adversario, que se convirtió en el campeón número 4 de la historia del ajedrez. En resumen, Alekhine gana 6, entabla 25 y pierde tres. Han jugado 32 gámbitos de dama rehusados, una india de dama y una defensa francesa. Después de este fracaso Capablanca nunca volvió a jugar peón de rey.


Mucho se ha dicho y pensado sobre lo que pasó en Buenos Aires. Pero lo que es seguro es que la preparación de Alekhine fue mejor. Ésta incluyó un análisis detallado del juego de Capablanca, que apareció escrito después del match. Veamos algunos de sus apartes, tomados del libro “Capablanca” de Panov:


“Aperturas. El propio Capablanca había manifestado en uno de sus libros que en cada certamen jugaba únicamente una o dos aperturas o una o dos variantes de la misma apertura. Pero este reducido repertorio ha sido profundamente analizado por él, y con la mayor precisión. Si los conocimientos de Capablanca nunca fueron polifacéticos, en cambio son de una profundidad impresionante y antes que nada sumamente racionales. Este económico método analítico en lo que concierne a las aperturas de ninguna manera puede merecer la desaprobación… Parecería que una deducción inmediata y lógica de la citada observación sería que en el match hubiera sido ventajoso, dentro de lo posible, cambiar las aperturas mismas o sus variantes para obligarlo al rápido abandono de los caminos trillados. Tal deducción habría sido correcta si no fuera por una particularidad de Capablanca que se interpone de manera inconfundible en toda su actividad creadora y que en los últimos años alcanzó contornos gigantescos. ¡Esta particularidad es el instinto de conservación, en nombre del cual había sacrificado tantos proyectos hermosos y tentadores y había puesto en columnas abiertas tantos pares de torres para cambiarlos! Este instinto, a cuyo servicio está casi totalmente la finísima intuición de Capablanca, condena al fracaso cualquier intento de superarlo por medio de una continuación sorpresiva en la apertura. Realmente yo, por lo menos, no conozco ningún caso en que Capablanca fuera sacado de la huella que seguía… Jamás estuvo a punto de perder a causa de una combinación sorpresiva de su rival en la apertura.”


Continua diciendo Alekhine que con las piezas blancas decidió no entorpecerle de ninguna manera a Capablanca su deseo de buscar la solución de problemas de aperturas por medio de las simplificaciones, teniendo en cuenta que en algunos casos esto puede comprometer su posición. Pero que con las piezas negras no se prestó para tanto cambio, aunque sin rechazarlos, teniendo en cuenta que las debilidades se acentúan con las simplificaciones. 



Pero hay otra cosa: el que está jugando a entablar de alguna manera está en desventaja.
Más adelante dice que Capablanca, confiado en su gran capacidad intuitiva, en el medio juego se conformaba la mayoría de las veces con movimientos buenos, sin esforzarse en buscar los mejores. Y esto lo llevó a perder la costumbre de concentrarse.


Respecto a los finales, dijo: “sobre el arte de Capablanca en esta última y semi-técnica etapa de la partida había aún más leyendas que sobre el medio juego y las aperturas. Todas estas exageraciones tenían por origen el hecho de que Capablanca había vencido a Lasker, cuya pericia en los finales, sobre todo en los complicados y no puramente técnicos, se mantuvo durante dos décadas a una altura inalcanzable. Sin embargo, llama la atención la cantidad de posibilidades que desperdició Capablanca en los finales conducidos por él”.


Después de la muerte de Capablanca, Alekhine dijo que no sabía cómo había hecho para ganarle. “En 1927 yo no creía que fuera superior a él. Es posible que las principales causas haya que buscarlas en su exagerada apreciación de sus propias fuerzas y en la subestimación de mi juego”.








Mesa, fichero, reloj y asientos en los que se jugó el encuentro
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